viernes, 25 de junio de 2010

¿QUÉ ES UN AÑO SANTO?


Esta entrada me trae a la mente una reciente comida familiar de Semana Santa en Motril, un pueblo costero de la provincia de Granada. Este tipo de comidas no son muy frecuentes y normalmente hay mucho que contar. Pero hay una cosa que durante años no cambió en absoluto, una pregunta que años tras año volvía a plantearse en la cena del Viernes Santo. ¿Cúando “cae” la Semana Santa? Al final la cosa siempre quedaba en el aire, se olvidaba, pero este año Internet nos dio la respuesta, nada sencilla, por cierto.


Averiguar si un año es Santo o no, es tan fácil como saber si el 25 de Julio (San Santiago el Apóstol) cae en domingo. Fue el Papa Calixto II (sí, el mismo que encargó el Códex Calixtinux) el que en 1126 estableció el primero y a partir de aquel momento los Años Jubilares se fueron celebrando con una cadencia de 6-5-6-11 años. Esta serie tiene su explicación en nuestro “casi preciso” calendario y en los años bisiestos que se crearon para corregirlo. No es difícil calcular entonces que en un siglo se celebran 14 Años Santos siendo 2010 el último de la cadencia (intervalo de 11 años) y por tanto 2021 el siguiente.

Como no podía ser de otra manera, los Años Santos tienen una serie de implicaciones importantes a nivel religioso. Es un año en el que la Iglesia concede especiales gracias a los fieles y la indulgencia plenaria a aquellos que peregrinan a Santiago. Si somos ateos o poco practicantes y no hacemos el Camino de Santiago por motivos religiosos, pocas diferencias vamos a encontrar con respecto a un año cualquiera exceptuando un abarrotamiento inusual en el recorrido, albergues ligeramente más caros y algún que otro problema a la hora de encontrar alojamiento.

La Pascua de Resurrección es el domingo inmediatamente posterior a la primera Luna llena tras el equinoccio de primavera, y se debe calcular empleando la Luna llena eclesiástica; sin embargo, ésta casi siempre coincide con la Luna llena astronómica […] (wikipedia)

(foto: para Felipe y José Luis, un Año Santo es aquel en el que te toca la primitiva, bromeamos)

ETAPA 13. DE SAN JUAN DE ORTEGA A BURGOS


La lluvia, de nuevo, nos ha acompañado durante gran parte de la mañana, por lo que muchos peregrinos han decidido coger un autobús hasta Burgos; no se han arriesgado después de la que cayó el día anterior, algunos todavía con la ropa y las botas mojadas. Felipe camina hoy con nosotros después de haber llegado en transporte público al pueblo: una rodilla y un tobillo tan hinchado que parece que vaya a explotar tienen la culpa […]

[…] En Agés, a unos cuatro kilómetros del inicio, hemos parado a tomar un café, donde el responsable del albergue municipal, un gaditano algo seco de palabra nos aclara la situación que se vive en San Juan de Ortega. “Mucha gente pasa por el albergue de San Juan de Ortega y culpa a los hospitaleros del estado del mismo y de las condiciones en las que se encuentra”. Para un segundo para poner dos tostadas más y servir los cafés que habíamos pedido. “Que el bar y el hostal del pueblo sean del alcalde no ayuda nada y en los últimos años se ha cuidado bastante poco el albergue”.



Algo más tarde, nos cuenta que el albergue municipal va a cambiar de manos en cuestión de un par de semanas. “Dicen que no cuidamos bien de los peregrinos y quieren renovar al personal, no entiendo el porqué”, lo dice con un tono firme y seguro: no lo dudo, pero tengo que reconocer que tiene un humor un tanto peculiar y un cierto no-se-por-donde-cogerte que nos ha dejado en varias ocasiones fuera de juego.

[…] La entrada a Burgos por Villafría es un punto que muchos prefieren evitar cogiendo el transporte urbano hasta el centro. Tras pasar el aeropuerto por la izquierda, uno se adentra en un interminable polígono industrial donde durante más de cuatro kilómetros no hay absolutamente nada. Ni que decir tiene que lo pintoresco del paisaje es completamente nulo […]


[…] Después de dejar las cosas en el albergue, hemos salido a dar una vuelta por la capital burgalesa y hemos acabado tomando unas cervezas en los alrededores de la catedral. Esa noche disfrutamos hasta el último minuto echándonos unas risas con las batallitas vividas en los últimos días, es la última noche de Amparo, José Luis y Carmen; el Camino no será lo mismo sin ellos.


Finalmente, Felipe también ha decidido marchar, y me he quedado solo con Lucía y la hospitalera ha accedido a dejar que nos quedemos allí dos días más (por lo general, no es posible pernoctar más de una noche a menos que sea por motivos médicos). Uno puede ver y hacer multitud de cosas en Burgos pero si os tengo que ser sincero, en los días que siguen me he dedicado a descansar más que a cualquier otra cosa: desayunar y leer el periódico en el Espolón, visitar la catedral, cocinar, ir a la biblioteca… a hacer una vida más cercana a lo que uno haría en su ciudad que a la vida de peregrino: los pies merecen un descanso.

(foto 1: a mitad de la etapa, se cruza por Atapuerca, famosa por sus pinturas rupestres)
(foto 2: de derecha a iquierda: Lucía, Amparo, Carmen, Felipe y yo posando junto a la escultura de los Gigantillos en Burgos)
(foto 3: vista trasera de la catedral de Burgos)

viernes, 18 de junio de 2010

DISCULPE ¿LA LAVANDERÍA DEL PUEBLO?


No busquéis porque no la vais a encontrar. Es uno de los grandes interrogantes del Camino, ¿qué hacer con la ropa sucia? La solución no pasa por meter prendas para cada etapa como os habréis podido imaginar, ni tan siquiera aunque vayáis a hacer un tramo corto. Tampoco busquéis la lavandería de pueblo y aunque cada vez más albergues dispongan este servicio y de secadora, no es la práctica más habitual.

Por lo general, los hospedajes disponen de lugares donde poder hacer la colada "a mano" y es una práctica bastante común, mientras uno se da una ducha y se asea un poco, dejar la ropa a remojo. No hace falta que la tengáis mucho tiempo en detergente, ya que no estará muy sucia, sólo sudada. Con 15-20 minutos será suficiente. Recomiendo meter la ropa en la lavadora una vez a la semana si es posible o dar un lavado más a fondo. Si queréis limpiar las botas, preguntad donde podéis hacerlo: algunos albergues son estrictos con esto.



No necesitaréis tendederos improvisados (aunque yo llevo una cuerda elástica por si las moscas) ya que los albergues también disponen de tendederos o cuerdas en sus versiones más rudimentarias. Si hace buen día y uno llega temprano hay tiempo más que suficiente para que la ropa básica (calcetines, camiseta y calzoncillos) se seque. Los días de lluvia o frío pueden hacer que secar la ropa no sea tan sencillo, tenedlo presente.

No olvidéis meter detergente en la mochila, preferiblemente en polvo o una pastilla de jabón lagarto. No es fácil encontrar bolsitas pequeñas durante el camino, aunque algunos albergues las venden. Cuatro o cinco pinzas serían bastante útiles, ya que si no ha dado tiempo durante la noche a que se seque la ropa, deberéis colgarla de la mochila para que se seque en ruta: es infalible.

(foto: Me pregunto que tipo de peligro puede entrañar una lavadora rota)

ETAPA 12. DE BELORADO A SAN JUAN DE ORTEGA


“Y pensar que esto lo hacemos por gusto”. Lucia


[…] La subida a los Montes de Oca ha sido uno de los días más duros, físicamente hablando, que recuerdo. El tiempo prometía lluvia, viento y una bajada de las temperaturas entre 5 y 10 grados y lo ha cumplido con creces. Después de un comienzo fresco pasado por agua, el cielo nos ha dado un respiro a la altura de Villafranca donde hemos hecho un alto para tomar algo caliente. Lo que no sabíamos es que la lluvia matutina tan sólo era un anticipo de lo que se nos echaba encima.




Nada más salir el viento ya soplaba con una fuerza atronadora y el agua parecía caer a cubos. La pista forestal y la cañada que cruzaba los montes se han convertido en una auténtico barrizal en el que cada paso era una epopeya y donde el barro llegaba casi hasta el tobillo.


Algunos peregrinos han llegado a San Juan de Ortega con síntomas de hipotermia y han sido pocos los que se han atrevido a continuar al siguiente pueblo. Una sopa de ajo ha repuesto parte de las energías, pero el silencio reina en el comedor: muchos piden por que amaine un temporal que puede durar una semana.


(foto: Montes de Oca, donde el agua ha inundado por completo la cañada que lleva a San Juan de Ortega)

domingo, 13 de junio de 2010

UNA DE VIEIRAS, POR FAVOR


No, no estamos en un restaurante gallego en las escarpadas costas de Fisterra y ningún camarero va a aparecer de la nada con un plato de este suculento manjar. Seguramente todavía estemos a cientos de kilómetros de Santiago de Compostela deseosos de empezar nuestra primera etapa, ¿desalentador? Ni mucho menos. Mi padre siempre me dijo que al hacer un esfuerzo mirase hacia atrás, siempre viendo lo que había conseguido. ¿O era al revés? Ni una cosa ni otra ayuda en este caso, pero eso ahora, no viene a cuento, prosigamos.


En una época en la que el bordón está siendo substituido por modernos bastones plegables de titanio, las sandalias por sofisticadas zapatillas senderismo y la austera indumentaria de peregrino por modernos atuendos de tejidos ultraligeros, parece ser que la vieira es el único icono Jacobeo que está resistiendo el paso de los años.


Durante mucho siglos se creyó que los peregrinos, de vuelta a su tierra de origen, traían la simbólica concha como muestra de haber llegado a las costas gallegas, donde desde tiempos ancestrales se pesca el molusco. Hoy sabemos que no es así y que la iglesia, que quería tener control sobre la venta y ya de paso recibir un jugoso porcentaje, prohibió su distribución fuera de la ciudad de Santiago bajo excomunión. El retiro del veto comercial, tiempo después, hizo que su comercialización se extendiera por todos los caminos jacobeos, convirtiéndose en un símbolo no sólo para aquellos que volvían de Santiago sino para aquellos otros que empezaban su peregrinación.

En la actualidad es posible encontrarla en muchos de los pueblos que marcan los Caminos de la Ruta Jacobea y se ha convertido junto con la compostelana y la credencial en uno de los recuerdos favoritos; eso sí, sin riesgo de excomunión.

(foto: vieira clavada en un bordón)

ETAPA 10. DE NÁJERA A SANTO DOMINGO DE LA CALZADA


La etapa de Nájera a Santo Domingo de la Calzada, se desarrolla entre viñedos y llanuras sembradas de trigo y cebada. Largas franjas de amapolas crecen aquí y allá y dan un toque de color a las vastas extensiones verdes de la ancha Castilla. Felipe no podría estar más contento y dispara a diestro y siniestro con su cámara réflex: “mira esta, José; y mira esta otra. Que color, que tonalidades”, me comenta con entusiasmo. Al parecer, compartimos más aficiones a parte del Camino.


Felipe es un jerezano de aspecto bonachón y un excelente cocinero. Una y otra vez, habla del cuando caminó la Ruta Francesa en el 1999. “Ahora peso algún kilo de más y los años no pasan en balde, pero me lo tomo con calma; eso de hacer el Camino sin saborear lo mejor de cada pueblo no me va”. Más adelante, andan Amparo y José Luis, hermanos aunque muchos los confunden con un matrimonio “Soy burgalés, ¿como voy a estar casado? Burgos es la provincia con más solteros de España”, bromea José Luis. Empezaron en Logroño, y hacen el Camino a tramos. Este año tienen pensado acabar en Burgos y continuar desde allí el año que viene. Es muy común hacerlo de esta manera y son muchos los que lo acaban en 3 o 4 años.

Detrás caminan Lucia, de Salamanca, sin ninguna prisa por acabar llegar a Santiago y Carmen, prima de José Luis y Amparo conocida entre nosotros por ser un botiquín ambulante. No importa cuantas ampollas, dolores o adversidades sufras durante el camino; ella tiene el ungüento, pastilla o tratamiento adecuado para cada una de ellas […]

[…] Santo Domingo de la Calzada es, según muchos, el punto más importante de la Ruta Francesa después de Santiago de Compostela. El pueblo, que todavía conserva parte de la antigua muralla y la mayoría de los edificios de su época más gloriosa, gira entorno a uno de los más famosos mitos que ha dado el Camino de Santiago, el de la gallina que cantó después de asada. Bares con nombres que rememoran la historia, estatuas de gallos y gallinas a cada rincón o incluso dulces típicos con forma de pollo dotan al pueblo de una atmósfera curiosa aunque con sensación de estar algo sobreexplotado.

En una de las más famosas pastelerías del pueblo hablo con Mari, una joven gaditana que vive en Santo Domingo de la Calzada desde hace algo más de tres años “Todo se ha comercializado mucho de un tiempo a aquí, y se le saca hasta el último euro posible a eso del gallo y la gallina. Son casi más los que pasan por aquí a preguntar por la leyenda de las gallinas que los que vienen a comprar pasteles”, comenta. Se acerca a las mesas y retira un par de tazas de café vacías. “El otro día me trajeron un bombón nuevo. Como no, tenía que ver con las gallinas. Vendemos ya los ahorcaditos, los gallos rellenos de mermelada, más de una docena de chocolates con formas de pollo, huevos… no quiero ni saber que será lo siguiente”, bromea. En ese mismo instante entra Lucia. Nos despedimos de Mari y vamos de camino a la catedral que se encuentra a apenas 20 metros.



En la catedral se encuentra el sepulcro de Santo Domingo de la Calzada, labrado en mármol hasta el más mínimo detalle. “Tuvo que ser un tipo importante”, comenta Lucía. A decir verdad, si que lo fue ya que él creo los cimientos del pueblo que hoy lleva su nombre. Arriba, a la izquierda, se encuentra un habitáculo donde se guardan un pollo y una gallina de color blanco para recordar tan inverosímil capítulo de la historia del lugar.


[…] Después de dar una vuelta por el pueblo y toparme por casualidad con unos amigos de mi abuela (he acabado más fotografiado que la catedral), Felipe nos ha preparado una de las cenas más deliciosas que recuerdo: un hervido de verduras y pechugas de pollo al ajo-puerro, después hemos reposado de la comilona en los sofás del que probablemente es el mejor albergue del Camino; hoy es un día especial, juega España un partido preparatorio para el mundial y el toque de queda ha pasado de las 22 a las 23.


(foto 1: la etapa discurre entre campos de trigo y cebada teñidos de rojo por las amapolas)
(foto 2: ahorcaditos. Dulce típico en Santo Domingo de la Calzada)
(foto 3: una vidriera de la catedral muestra a un gallo y a una gallina)
(foto 4: de izquierda a derecha: Felipe, Carmen, Amparo, Lucia y yo)

SANTO DOMINDO DE LA CALZADA, DONDE CANTÓ LA GALLINA DESPUÉS DE ASADA


El que de una vuelta por Santo Domingo de la Calzada, irremediablemente acabará visitando su maravillosa catedral. Pero no serán ni su ábside románico, ni sus naves góticas lo que más le llame la atención, ni la cripta ni la tumba del santo. Los peregrinos no miran hacia arriba contemplando la majestuosidad de la construcción, son una gallina y un gallo blancos los que centran todas las miradas.




Para encontrar un explicación a esta singular escena tenemos que volver a echar mano al libro de leyendas del Camino Francés. Según cuenta, un matrimonio alemán y su hijo Hugonell visitaron la aldea para venerar las reliquias del santo. En unas versiones, Hugonell fue acusado por error por la hija del posadero donde pasaron la noche por robar una copa de plata. Otras dicen que, la hija, completamente enamorada de Hugonell se la puso en su fardo después de que la rechazase.


De cualquier forma, el castigo que se imponía en aquel entonces por el robo, era la muerte, como veis, no se andaban con chiquitas. Hugonell fue ahorcado en la plaza del pueblo. Al día siguiente, antes de partir de nuevo, el matrimonio fue a ver a su hijo por última vez donde con asombro comprobaron que estaba vivo. Les explicó que había sido Santo Domingo quien lo había sostenido por los pies y había evitado su muerte.


Los padres fueron enseguida a contárselo al corregidor que en ese momento se encontraba comiendo dos pollos asados. Al comunicarle el matrimonio la nueva, este dijo “Tan vivo está vuestro hijo como los pollos que me voy a comer”. En ese mismo instante los pollos saltaron del plato y se pusieron a cantar.


Desde entonces, en Santo Domingo de la Calzada puede escucharse aquello de “Santo Domingo de la Calzada, donde cantó la gallina después de asada” y se guardan en la catedral las dos aves en memoria del milagro más famoso del Santo. Además, es posible comprar casi en cualquier lugar el dulce típico, los ahorcaditos, delicioso hojaldre con crema de almendra. Rico, rico, aunque de nombre algo macabro.


(foto: cuarto donde se guardan un pollo y una gallina en recuerdo del milagro)

EL CALZADO, LA MEJOR INVERSIÓN


De entre todas los elementos de la indumentaria del peregrino del s. XXI, el calzado es más importante y es que si una cosa vamos a hacer en el Camino de Santiago, es andar. Con etapas entre 25 y 35 Km. ¿Os imagináis lo que sería andarlas con un calzado inadecuado? Dejaos de zapatillas playeras y de aerobic, que aquí vamos.


La idea ha quedado clara: el calzado es fundamental, pero una vez llegamos a la tienda la cosa resulta no ser fácil, ni tan siquiera para los entendidos. Son decenas las marcas, tamaños, materiales, suelas, etc. Además, no hay una zapatilla “para todo” no existe “la mejor zapatilla” ¿Cómo escoger entonces el calzado correcto entre semejante barullo de opciones?


En el camino encontraréis de todo: peregrinos con botas, zapatillas, sandalias e incluso con bambas; pero para mi, la elección es clara: la bota más ligera que puedas encontrar de suela semi-rígida con membrana impermeable. La bota, a diferencia de la zapatilla y la sandalia, proporciona una mejor sujeción del tobillo y al ser tener la caña alta mantiene al pie mejor aislado de piedras, barro o agua. Como principales hándicaps, tenemos que suelen ser algo más pesadas y calurosas. Una suela semi-rígida hará que andar por caminos pedregosos no destroce nuestros pies y andar por asfalto o senderos adoquinados resulte confortable y sin un desgaste excesivo de la misma. La membrana impermeable (Gore-tex, SympaTex) ayudará a que en días lluviosos el agua no llegue a calar el pie; si encadenáis varios días de lluvia (algo probable) y las zapatillas os quedan mojadas por dentro, será difícil que salgáis al día siguiente con ellas secas. Si esto sucede, meted el día anterior papeles de periódico dentro de la zapatilla y cambiadlos dos o tres veces para que absorban el agua.



Antes de comprar la zapatilla, hay que probarla hasta la saciedad, utilizando un calcetín de similares características, sino el mismo, al que vamos a utilizar en el Camino. Tiene que quedar ajustada, pero no tanto como para que los dedos de los pies rocen con la puntera ya que esto podría crear heridas en los dedos y las uñas, pudiendo amoratarse y caer. Recordad siempre, que a la hora de comprar calzado de senderismo, es muy fácil equivocarse y comprar una zapatilla demasiado pequeña pero difícil comprarla demasiado grande.


(foto: en etapas muy embarradas, unas sandalias o zapatillas pueden convertirse en una auténtica pesadilla)


ETAPA 9. DE NAVARRETE A NÁJERA


[…] El
río Najerilla traza una línea que divide la ciudad de Nájera en dos partes. A grandes rasgos podríamos decir que separa el casco antiguo, en el que se encuentra el formidable monasterio de Sta. María la Real, donde las cigüeñas se pelean por encontrar un sitio en su tejado, y la ciudad nueva, con algo menos de solera pero con esa atmósfera a pueblo jacobeo que ha ido impregnando el Camino por toda la ruta. […]


Después de, como de costumbre, acabar con las
tareas de peregrino: instalarse, lavar la ropa y las botas, darse una buena ducha y charlar con el vecino sobre la etapa del día, me he ido a la ribera del río y he pasado el resto de la tarde labrando en el trozo de madera que me dio Pablito en Azqueta.

A media tarde
he acabado los últimos detalles de la vieira, y aunque fuera de contexto a uno le pueda parecer una concha más, he quedado bastante contento con el resultado (no tanto mis pulgares llenos de cortes que tardarán unos cuantos días en curarse). Me he dirigido a la ciudad nueva, donde en una ferretería me he encontrado a Fermín, quien con sumo cuidado, le ha hecho un agujero. De vuelta al albergue he conseguido un trozo de cuero negro de una peregrina que ha puesto el broche final a la titánica obra de ingeniería. Minutos después lucía junto al resto de abalorios de mi cuello, que no son pocos.


[…] En el albergue, he conocido a
Felipe, Amparo, José Luis, Carmen y Lucia. Viajan desde Navarrete juntos y parecen ser un buen equipo con el que continuar la aventura. Hemos cenado juntos y antes de que cayese el Sol hemos ido a visitar Cerro Molino, unas cuevas excavadas en la montaña formadas por un entramado de madera y adobe y que dieron cobijo a los celtiberos durante la Edad de Hierro. No hemos podido entrar ya que estaban cerradas a los turistas por motivos de seguridad, pero la información del folleto de la ciudad nos ha venido bastante bien para hacernos una idea y para rellenar un par de líneas más. […]

[…] Al caer el Sol, una tontería ha llevado a la otra y lo que ha comenzado siendo un
campeonato de carreras de sacos, inducido probablemente por el vino riojano, se ha convertido en una noche a la intemperie a la orilla del Najerilla donde unos cuantos hemos pasado una de las noches más frías que recuerdo.


(foto 1: río Najerilla a su paso por la ciudad de Nájera)

(foto 2: lo que puede dar de sí la paciencia)
(foto 3: semifinales de la carrera de sacos)